Concurso Odisea 2017

Concurso Odisea 2017

odisea_2017_blogs

Convocatoria y tema del Concurso

Las secciones en Andalucía (Cádiz, Córdoba, Granada-Jaén-Almería, Málaga y Sevilla-Huelva) de la Sociedad Española de Estudios Clásicos (SEEC) convocan la tercera edición en Andalucía del concurso en línea Odisea 2017, que tendrá lugar entre los días 6 y 9 de febrero (primera fase) y los días 15 y 22 de febrero (desempate local y fase final estatal, respectivamente), y en el que podrán participar todos los alumnos y alumnas que así lo deseen, pertenecientes a cualquiera de los Centros de Enseñanza Secundaria de cualquiera de las provincias andaluzas. Queremos que todo el profesorado sepa con la suficiente antelación las fechas de la celebración de Odisea 2017 para que pueda proponer en sus centros esta actividad dentro del Plan anual de actividades extraescolares y complementarias.

La inscripción tendrá lugar desde el jueves 1 de diciembre de 2016 hasta el domingo 5 de febrero de 2017 y el concurso será los días 6, 7, 8 y 9 de febrero de 2017. En caso de empate se celebrará un preguntón de desempate el miércoles 15 de febrero de 2017. Una vez finalizada la fase local, los ganadores competirán entre sí en la fase estatal el miércoles 22 de febrero de 2017.

El tema de este año será La política en Grecia y Roma (en Twitter con el hashtag #OdiseaXVII).

Personajes de la Antigüedad han simbolizado la lucha por la libertad, la defensa de los valores cívicos, pero también la traición, la ambición desmedida, la corrupción o la violencia más cruel. Revueltas populares, políticos corruptos, personajes que medran a toda costa mientras otros desempeñan sus cargos con responsabilidad y honestidad, ideales democráticos en una sociedad con profundas desigualdades,… Un recorrido por la política en la Antigüedad puede ser el espejo en el que miramos nuestro presente más actual. Sin duda, la política es uno de los legados más profundos que nos ha dejado el mundo grecolatino, con todos sus matices buenos y malos, de manera que en la actualidad todavía discutimos sobre cómo debe organizarse la sociedad, cómo entender la democracia, quién tiene derecho a ser ciudadano… o ciudadana. Palabras como aristocracia, democracia, república, cónsul, senado, oligarquía o demagogia, forman parte de nuestra cultura heredada de griegos y romanos, pero ¿significan ahora lo mismo que entonces? ¿Os atrevéis a investigar cómo era el mundo de la política en Grecia y Roma?

odisea-2017

Bases del Concurso, calendario y preguntas frecuentes (FAQ)

La página web del Concurso ofrece toda la información sobre las bases, el calendario, las preguntas frecuentes (FAQ) y las preguntas de años anteriores para poder empezar a ensayar antes de animaros a concursar. Desde los siguientes enlaces pueden descargarse (en distintos formatos, y, por tanto, sólo hace falta descargar uno de ellos) las bases y el calendario y las FAQ:

Bases y calendario:

Preguntas frecuentes (FAQ):

Un poco de historia

Odisea nace a partir de una idea original de dos profesoras del I.E.S. David Buján, de Cambre, A Coruña. En la primera edición, organizada por la SEEC-Galicia en 2006, participaron solamente centros de esta comunidad. Progresivamente se fueron sumando más secciones con tal éxito y buenos resultados que, para la edición 2017, está confirmada la participación de las secciones de la SEEC de Andalucía, Aragón, Canarias, Galicia, Extremadura, La Rioja, Madrid, Valencia-Castellò y Alacant, Valladolid, y la Associació de Professorat de Llengües Clàssiques de Catalunya (APLEC), aunque no se descartan nuevas incorporaciones.

En la primera edición en Andalucía del Concurso Odisea, en el año 2015, nuestra comunidad fue la sede ganadora en la fase nacional, con el equipo Panduria del I.E.S. La Pandera de Los Villares (Jaén). En la segunda edición en Andalucía, en el año 2016, el equipo Filoctetes, Baco y Minerva, del I.E.S. Huelin, de Málaga, quedó clasificado en tercera posición en la fase estatal.

Datos de participación (Concurso Odisea 2016)

EQUIPOS ALUMNOS PROFESORES CENTROS
ANDALUCÍA 159 436 34 32
ARAGÓN 60 150 16 13
CANARIAS 33 89 11 9
CATALUÑA 382 961 105 74
EXTREMADURA 116 315 32 23
GALICIA 379 955 82 49
LA RIOJA 45 114 11 9
VALENCIA 255 622 49 38
VALLADOLID 63 158 23 16
Total: 1.492 3.800 363 263

Os animamos por ello a participar con vuestros alumnos no sólo para mantener el listón alto, sino sobre todo para disfrutar con ellos de esta actividad, con la que pretendemos que se valore y se difunda la riqueza de la Cultura Clásica y sus lenguas.

Agite, iuvenes nautae! E portu Malacitano conscendite nobiscum navem ‘Odysseam’
et secundis ventis plenissimisque velis mare navigemus procellosum retis universalis!

Ἀγαθῇ τύχῃ

Publicado en Concurso Odisea, SEEC | 3 comentarios

Clásicas – SEEC – Acciones de movilización (Madrid)

hidra-madrid

La Sociedad Española de Estudios Clásicos (SEEC) ha iniciado unas acciones de movilización en contra de la pretensión de la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid de dejar de impartir las asignaturas de Latín y Griego siempre que no las escojan 15 alumnos como mínimo. Para ello han redactado una carta de movilización que puede descargarse en el enlace anterior.

Sin embargo, la experiencia me dice que es mucho más efectiva una campaña en la página de peticiones change.org como la que llevamos a cabo (utilizo el plural porque creo que es labor de todos los que firmaron en aquella ocasión) en junio de 2015 en contra de las Instrucciones de 9 de mayo de 2015 de la Junta de Andalucía que pretendían reducir una hora las asignaturas de modalidad para el curso 2015-2016. Por eso he decidido contribuir a las acciones de movilización de la SEEC con una nueva petición, usando como modelo la carta de movilización redactada por la SEEC. Ya se ha hecho eco de esta petición en su página la propia SEEC, a la que agradezco la rapidez con que han hecho suya mi propuesta. En menos de 24 horas ya se han alcanzado casi las 1000 firmas (919, concretamente, a las 18:30 del día 24 de junio de 2016) en contra de la pretensión de la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid.

Actualización 7 de julio: También la Asociación culturaclasica.com se ha sumado desde sus páginas a esta iniciativa, así como las Delegaciones de la SEEC en todas las Comunidades Autónomas: como ejemplo de ello, dejo aquí los enlaces a las páginas de la SEEC en Cádiz, Granada, o, entre otras, la Sociedad Española de Bizantinística.

Además, Twitter ha recogido las solicitudes de los usuarios en esta línea del tiempo:

Comunicado de presa de FeSP-UGT Madrid:

 

Comunicado de presa de FeSP-UGT Madrid

Actualización 8 de julio: Y aquí va mi propuesta para resolver este desaguisado. Por fin he conseguido leer las Instrucciones de las Viceconsejerías de Educación no Universitaria, Juventud y Deporte y de Organización Educativa sobre comienzo del curso escolar 2016-2017 en centros públicos docentes no universitarios de la Comunidad de Madrid. El punto más conflictivo se encuentra en el apartado 4.5.3, que dice así:

4.5.3. Materias de Bachillerato
Materias troncales de opción, específicas y de libre configuración autonómica:
En las materias troncales de opción, específicas y, en su caso, de libre configuración, su impartición exigirá un mínimo de 15 alumnos matriculados. Esta limitación numérica no será de aplicación a la impartición de la Segunda Lengua Extranjera, siempre que esto no implique un incremento en la dotación del profesorado y se cuente con un número mínimo de 10 alumnos.
No obstante, las Direcciones de Área Territorial podrán autorizar la formación de grupos con un número menor de alumnos, previa solicitud justificada del centro.
En la materia de Religión, para la formación de grupos se estará a lo establecido en su normativa específica.

No estoy de acuerdo con que se establezcan diferentes categorías entre las asignaturas ni tampoco con la existencia de una normativa específica para la materia de Religión. Tampoco me parece bien la “previa solicitud justificada del centro”: ¿quién haría esta solicitud?, ¿el Equipo directivo?, ¿el Claustro de profesores? ¿Y si el profesor de Latín o de Griego no es de la misma opinión que el Equipo directivo? ¿Tendría que dedicarse a hacer pasillos para mantenerse en su puesto de trabajo?

Mi propuesta sería que la redacción de este apartado fuese la siguiente:

4.5.3. Materias de Bachillerato
Materias troncales de opción, específicas y de libre configuración autonómica:
Las materias troncales de opción, las materias específicas y las materias incorporadas al bloque de asignaturas de libre configuración autonómica se impartirán siempre que el número de alumnos y alumnas que las soliciten no sea inferior a quince. No obstante, estas materias se impartirán siempre a un número inferior de alumnos y alumnas cuando esta circunstancia no suponga incremento de la plantilla del profesorado del centro.

Esta redacción haría posible que, aunque fuesen dos, tres o, incluso, un alumno, los que escogieran las asignaturas de Latín y/o de Griego, podrían impartirse siempre que no supusiese un incremento de la plantilla del centro.

Desde aquí animamos a todos a firmar y difundir esta petición.

Publicado en Clásicas, SEEC | 2 comentarios

Concurso Odisea 2017 – Comienza la inscripción

odisea_2017_blogs

Mañana, jueves 1 de diciembre de 2016, comienza la inscripción para la edición 2017 del Concurso Odisea, que se mantendrá abierta hasta el domingo 5 de febrero de 2017.

El Concurso comenzará el lunes 6 de febrero de 2017 y terminará el miércoles 22 de febrero de 2017, día en el que se celebrará la final estatal (Bases y calendario completo).

En esta edición participarán las secciones de la SEEC de Cádiz, Córdoba, Granada-Jaén-Almería, Málaga y Sevilla-Huelva, Aragón, Canarias, Galicia, Extremadura, Madrid (que participa por primera vez), Valencia-Castellón y Alicante, Valladolid y Associació de Professorat de Llengües Clàssiques de Catalunya (APLEC).

El tema que hará de hilo conductor será “La política en Grecia y Roma“.

Para promocionar el concurso entre alumnos y profesores hemos elaborado esta infografía con toda la información de esta edición 2017.

infografia-odisea-2017

El Concurso podrá ser seguido en Twitter a través del hastag #OdiseaXVII.

Además contaremos con una galería de imágenes en Pinterest que se irá completando con las imágenes subidas por todas las sedes.

Publicado en Andalucía, Concurso Odisea, SEEC | Deja un comentario

Cuando los de Ciencias hablaban latín

Una entrada muy recomendable de Notae Tironianae. Perge, amici.

Notae Tironianae

Hoy se cumple un deseo de Notae Tironianae, que también participe en este blog gente que procede de fuera del ámbito de las letras. E inauguramos esta línea, que deseamos prosiga, de una forma muy honorable, nada menos que con una entrada redactada por el que fue Rector de nuestra Universidad entre 2003 y 2007, el catedrático jubilado de Bioquímica de la Facultad de Medicina Dr. Enrique Battaner Arias. Desde aquí, muchas gracias por su colaboración.

El escritor británico C. P. Snow denunció en su famosa conferencia (y más tarde opúsculo) The Two Cultures and the Scientific Revolution el progresivo apartamiento de las Ciencias y las Humanidades. Eso sí, lo hizo desde la perspectiva del hombre de Ciencias, denunciando la escasa cultura científica de nuestros humanistas. A día de hoy, creo que todavía no ha surgido la correspondiente denuncia del lado de las Letras, que también buena falta hace…

Ver la entrada original 1.967 palabras más

| Deja un comentario

Leopoldo Alas Clarín – Vario (Tradición clásica)

stefano-bakalovich-horacio-lee-delante-del-circulo-de-mecenas-1863

(Stefan Bakałowicz, Horacio lee ante el círculo de Mecenas, 1863)

Vario

Scriberis Vario fortis et hostium
Victor Maeonii carminis alite
(Horacio, Odas I, 6)

Lucio Vario, el poeta, a paso largo, como dejándose llevar por su peso, bajaba por el Clivus Capitolinus. Quien le viera caminar tan de prisa pensaría que era algún hombre de negocios, que tal vez venía del templo de Juno Moneta, que dejaba atrás, a la izquierda; y sin pararse a contemplar ni a reverenciar las solemnes estatuas doradas de los doce dioses mayores, los Dii consentes, junto a cuyos pedestales pasaba, se dirigía al templo de Saturno, que a la derecha se le presentaba con su imponente mole. Mas no lo miró siquiera el poeta, como no miró a los dioses, y pasó adelante; nada tenían que ver con la preocupación que tan distraído lo arrastraba cuesta abajo ni las potencias olímpicas ni los asuntos de la Tesorería. Allá enfrente, tras los muros de la cárcel Tulliana, el sol se escondía, y eso miraba Vario bajando. Moría el sol, y él se acordaba de Virgilio, aquel sol que se había puesto allá, en Brindis, y que no volvería a salir de su sepulcro del Pausilipo. Tampoco reparó en la Concordia, que dejó a la izquierda, aunque miró a este lado; pero miró pensando en algo más lejano y más alto, en el Tabulario, que se erguía en la ladera del Capitolio, midiéndose con el monte. En el Tabulario pensaba, porque algo tenía que ver con sus ideas. Una sonrisa amarga, irónica, asomó a sus labios. Se detuvo. ¡El sol, el ocaso, Virgilio, el sepulcro, la gloria, el Tabulario, la eternidad, la nada! Todos estos pensamientos pasaron por su frente. Era el Tabulario depósito de archivos, precaución inútil de la soberbia romana para inmortalizar lo pasajero, lo deleznable. ¡Archivar! ¡guardar! ¿Para qué? ¿Dónde estaba el archivo de las almas? Se guardaba el papiro, se guardaban los dypticos (duplios), los miltiplices, se guardaban tabellae y pugillores… llenaban con ellos armarios y nidi… y el poeta a la sepultura. ¡Ah! En vano era todo el artificio y la pompa fúnebre de libitinarios, pollinctores dissignatores, tibicines y praeficae: en vano el aparato del funus publicum, de la naeniae, porque todo ello había de acabar en el capulo o en el cestrino, el sarcófago o la urna cineraria. Y después Molliter cubent ossa… buenas palabras… y el olvido. ¡El olvido! ¿El olvido también para el poeta? ¿Habrían hecho mal Tucca y él en desobedecer el mandato del poeta muerto, que pedía para su poema la hoguera, mientras ellos lo conservaban intacto para la inmortalidad?…

Corría Septiembre, el mes en que pocos años antes habían enterrado a Virgilio… y Roma, la Roma del Foro, del Comitium, la que bullía al pie de Janus Bifrons, la de los banqueros y negociantes, que olvidaban las Tres Parcas vecinas y se entregaban al agio con ardores dignos de la eternidad, no pensaba ya, ciertamente, en el cantor de Eneas. Alrededor de los Janos qui sunt in regione Basilieae Pauli las abejas interesadas del negocio zumbaban rozándose con Vario sin verle. ¡Estaba vivo y ya no le veían! Siguió adelante; dio con su cuerpo, como si anduviese por máquina, llevado por el hábito, en el Janus Vicus, y se encontró sin querer entre los suyos, en el vaivén de la vida literaria, en las tiendas de libros, donde, sentados o de pie, discutían los aficionados de las letras, mientras iban y venían los litterati, los esclavos copistas, llevando bajo el brazo sus notas tironianas, trípticos, polípticos, mostrando algunos todavía las manos manchadas del atramentum librarium en que mojaban el cálamo.

Vario, entre los suyos, sintió una invencible repugnancia. La vida efímera y apasionada, de las letras le daba en aquel momento horror. – Juicios falsos, gustos nuevos, envidias, rencores; todo se revolvía allí con la febril ansiedad de lo pasajero; figurábasele una lucha mortal y cruel a la luz de un relámpago. Relámpago era la vida, y aprovechaba su luz la pasión para herir, para saciarse matando el bien ajeno. Entre la multitud de rollos, brillando a los últimos rayos del sol poniente, cornua y umbilici de lujosos volúmenes, vio los rótulos de las obras del amigo muerto. «Bucólicas», «Geórgicas», «Eneida»; y vio a los propios hijos, los de su ingenio, entre ellos, el «Panegírico de Augusto» y su famosa tragedia «Thyestes»… Pero estaban en los estantes, en los nidi, como enterrados en vida. -Sintió un escalofrío; se le figuraron sus obras metidas en los nichos del librero cosas, muertas ya, de su propio ser, algo de su alma enterrado. El pergamino, el papiro, las tablas enceradas morían también. En la librería estaban de cuerpo presente, después en las bibliotecas tenían su sarcófago. El Tabularium ¿qué era más que un panteón?

Sin hablar con nadie, desdeñando la locuela de parásitos y poetas neófitos que le sonreían y saludaban, tomó por la vida sacra, a la derecha; dejó a la izquierda la Basílica Porcia y parándose, vuelta la espalda a la Curia Hostilia, contempló en silencio y con desprecio el Foro que tenía enfrente, el Foro también callado en aquellas horas; pero en su imaginación todavía hirviente con el rumor de los espumarajos de la calumnia y la mentira… Allí la retórica se empleaba en el mal, en el daño, más francamente que en el libro. Los Rostros, desiertos, parecían restos de un naufragio en el mar de las pasiones curialescas y políticas… ¡Cuánta ira! ¡cuánto engaño habían brotado de allí… y cuánta sangre! Últimamente ¡la sangre de César! César, su héroe, el de su poema. Como para salvar aquella imagen, para que no se la matasen allí, para que ahogasen la fantasía y el corazón aquellas ideales emanaciones de sangre y odio, que le parecía sentir exhalándose del Foro, Vario huyó, tuvo que buscar un poco de aire más puro, y subió la cuesta del Palatino, dejando a la izquierda el templo que habitaban las Vestales.

line-divid

Pero no se ahogaba sólo en el Foro; se ahogaba en toda Roma: por su espíritu pasaban ráfagas, como venidas de Oriente, de aquellas que sentimos que a veces mueven, como las brisas las mieses, los versos de Virgilio, ráfagas de espiritual anhelo, de piadosa contemplación de lo futuro. Vario, el poeta de los terríficos festines de los Pelópidas, el complaciente cantor cortesano de Augusto, sentía como una esclavitud su vida romana, y sin saber lo que era, buscaba un más allá, algo nuevo, más puro, más libre, más noble; y debía de estar allá, hacia el Oriente… También el dulce amigo, el cisne mantuano, había sentido al llegar la muerte el ansia de volver los ojos a Oriente, de atravesar el mar, de tocar el suelo de aquella Grecia, maestra de las almas.

«¡Al mar, al mar Oriental!» se dijo Vario. Y en un instante trazó en su mente el itinerario del viaje imaginado. Primero a Nápoles, a despedirse de la sepultura del Pausilipo; después a Brindis… y de allí a las ondas, a surcar en la nave «Liburna», las aguas inmortalizadas por Homero y por Virgilio.

Al día siguiente, de madrugada, Vario salía de Roma, y dejando a la izquierda, lejos, el Esquilino; y más cerca, a la derecha, el Palatino y el Celio, comenzó a atravesar el Lacio, la tierra del dios escondido, a lo largo de la Vía Campaniense. Llegó a Nápoles, visitó el sepulcro de Virgilio, meditó sobre aquellas piedras, y a los pocos días emprendía el camino de Brindis; pasó por Venusia, célebre también en la historia de la poesía, cruzó la antigua misteriosa tierra de los Yapigios, tal vez hijos del Oriente, y entró en el pueblo donde el poeta había visto por última vez la luz. Una angosta nave oneraria le recogió en el puerto de Brindis, y, no sin cierta melancolía, dejó la tierra de Italia, que salía como a despedirle con las islas artificiales del puerto, coronadas de templos y estatuas, rodeadas de altos muros y extendiendo mar adelante un dique de arcos, bajo cuyas bóvedas jugaba la luz con las aguas bulliciosas.

line-divid

En pie, sobre el puente, Vario, a solas, contemplaba allá en el horizonte la línea brumosa que señalaba la tierra. Al Norte las costas de Iliria; más abajo Caonia, Epiro. En aquella dirección, tras de las alturas Molosas, adivinaba el Pindo.

Caía la tarde, cuando, dejando atrás las costas de Corcira, la nave llegaba frente al promontorio de la Quimera… Vario, a la luz del crepúsculo, escribía con rápido estilo, rasgando sin ruido la tenue capa de cera sobre el pulido abeto… La cercana tierra sagrada de las musas le infundía una inspiración febril; quería aprovechar la ráfaga, abriendo las velas de la fantasía al soplo de los ensueños poéticos… pero trabajaba en un poema que se llamaba «La Muerte…». La nave volaba ¡oh fatalidad simbólica! con la proa enfrente de la embocadura del Aqueron, que, muy cercano, dejaba al mar el tributo de sus aguas. Enfrente el Aqueron, el río de los muertos; más cerca, a babor, ¡la Quimera!…

No creía Vario en la Mitología, que llenaba de nombres y de imágenes sus versos; pero si no como filósofo, como artista, en su corazón y en su fantasía, era pagano. Era además, de cierta manera, supersticioso, vagamente, burlándose en principio de la superstición, pero débil ante ella como ante un vicio de la inteligencia. Había presenciado el festín en que Augusto, a pesar del celo con que procuraba restaurar la religión oficial, el frío culto romano, había parodiado los festines de los doce dioses mayores del Olimpo. Había sonreído oyendo a Horacio decir: «Que crea en todo eso el judío Apela, bien está; pero yo sé a qué atenerme respecto de los dioses». – Él, como Roma entera, seguía una tendencia que se suele notar en Occidente cuando la religión propia decae, cuando reina el escepticismo y la negación; una reacción oriental: el misticismo teosófico, las extrañas creencias de los misterios y magias de Oriente llenaban los espíritus que abandonaban al olvido los dioses penates y el culto de Vesta, que ya no encontraba sacerdotisas. – No creía Vario en nada positivamente; pero cualquier prestigio, una alucinación, una superchería, encontrarían su razón débil y dócil al encanto. Augusto mismo, que perseguía a Mithra y a Cibeles, a Isis y Serapis, temía el rayo y el vuelo del águila, y calzaba por precaución primero el pie derecho que el izquierdo. Y Augusto era dios. ¿Qué haría Vario, su sacerdote, su poeta?

«La Quimera» estaba en frente, Grecia era la cercana orilla, el Aqueron mezclaba con las ondas que surcaba la nave liburna sus propias aguas tristes, mezcladas antes con las del Cocyto… ¿Qué más? ¡Todo era símbolo de muerte, de ultratumba de las sombras de allá abajo… Él, Vario, venía de Nápoles y había pasado cerca del Averno, el lago funesto que no cruzaban las aves, y a cuya orilla hablaba en su caverna la sibila de Cumas… Todo era prestigio, signo siniestro… todo hablaba de muerte… Y Vario recordó el origen de su viaje; aquel mal humor que le había sobrecogido bajando por el Clivus Capitolinus y que le había hecho aborrecer la vida efímera bulliciosa, por breve y sin sustancia, y huir de Roma. Y aún le duraba el ansia de inmortalidad, el anhelo de idealidad eterna…

Sus versos, que hablaban de la muerte también, iban arando la cera con paso bien medido del estilo silencioso y sutil… De pronto, como sintiendo sobre el cráneo el peso magnético de miradas intensas, alzó la cabeza Vario y vio enfrente de sí… las sirenas de Ulises; las mujeres aladas, ninfas tristes de voz suave, divinidades de rapiña, almas de buitre en rostros de hermosura siniestra, macilenta en su plástica corrección de facciones. Rodeaban las sirenas la nave, y arrastrando las alas sobre las olas seguían su marcha; dormía la tripulación; Vario, a solas con el encanto, los oídos abiertos, las manos sin ligaduras, oyó el canto de las sirenas que le llamaba a la muerte.

Y decía el coro:

«Lucio Vario, ¿por qué trabajas en vano? Trabajas para la muerte, trabajas para el olvido. Deja el arte, deja la vida, muere. Oye tu destino, el de tu alma, el de tus versos… Serás olvidado, se perderán tus libros. Tu suerte será la de tantos otros genios sublimes de esto que llamará pronto la antigüedad, el mundo. Dentro de poco un sabio pedante pretenderá saber todo lo que supo y pensó y soñó la antigüedad clásica. Llamarán lo clásico a lo escogido por la suerte para salvarlo del naufragio universal… por algún tiempo. Tú no serás grande para la posteridad porque se perderán tus obras; los ratones, la humedad, la barbarie de los siglos, y otros cien elementos semejantes, serán tus críticos, tus Zoilos, acabarán contigo, y la pereza del mundo tendrá un gran pretexto para no admirarte: no conocerte. En vano hoy la fama lleva tu nombre a las nubes; en vano Virgilio te admira, y lo dice; su testimonio se atribuirá a la amistad y a la dulzura; en vano Horacio hablará de tu vuelo Aquilino en la región de la poesía épica; los pedantes del porvenir dirán que alabándote a ti alababan a Augusto, de quien fuiste el cantor cortesano; en vano vendrá dentro de poco un hombre severo, leal, noble, que se llamará Tácito, y elogiará tu famoso Thyestes; la posteridad no creerá en ti, no sabrá de ti. Perteneces al naufragio. Como tú, cientos y cientos de ingenios ilustres de esta tierra griega que buscas y de esa tierra itálica que dejas perecerán por el fuego, por la dispersión, por el polvo, por la sangre, por la barbarie y la ruina… y por la descomposición de la materia… Llegarán tiempos de escasez para el papiro egipcio, las membranas serán caras, faltará superficie duradera en que escribir; y sobre las mismas páginas que contengan las lecciones de vuestra sabiduría, vuestros ideales, vuestros sueños, vendrán otros hombres a escribir otra ciencia y otros errores, otros sueños, otras supersticiones, otras esperanzas, otros lamentos. Con la tragedia de Thyestes naufragarán las tragedias de los trescientos cincuenta trágicos griegos, y la humanidad dirá que sólo hubo tres grandes trágicos en Grecia, los que se salvaron; pero aun de estos perecerá casi todo. De los seiscientos historiadores helénicos, quedarán bien pocos. Y en tu tierra la misma suerte. Contigo perecerán Galo, Polion, Calvo y los venerables antecesores Ennio, Mevio, y Cinna, y Varrón de Narbona… y todo el coro de la tragedia latina… Todavía ayer en Roma contemplabas el Tabulario con envidia… ¡Los archivos! ¡Ellos perecerán! Serán polvo, después del aire, nada. Visitaste el Vicus sandalarius, refugio de libros nuevos y viejos… el Vicus y los libros serán ruina, polvo, viento. En vano habrá sido el afán de Pomponio Ático por acaparar copias y ediciones… En vano crecerá este prurito de almacenar volúmenes; Sanmonico Sereno, ¡cuán ufano se mostrará con su biblioteca de sesenta y dos mil tomos! Roma llegará a tener veintinueve bibliotecas públicas… Un poco de polvo del desierto que se detiene un punto a engañar a la vanidad y a la curiosidad humana en forma caprichosa; seguirá soplando el viento del olvido, y el polvo volverá a cruzar el desierto… Vario, adelántate a la muerte, sé tú el olvido. No escribas, muere».

«Muere, muere, no escribas más», repitió el coro.

Vario se estremeció; pasó la mano por los ojos; sacudió el delirio, bebió con anhelo el aliento de la brisa fresca de la tarde, y la última luz del crepúsculo siguió trazando sus versos, arando la cera con el estilo silencioso y sutil que caminaba con medida.

Creyó la profecía; sintió sus versos hundidos en la nada del olvido, pero la inspiración siguió alumbrando en su cerebro, más fuerte, más libre. Vario respiró con fuerza; su alma sacudía una cadena que caía rota a los pies del viajero: la cadena del tiempo, la cadena de la gloria, la cadena del vil interés egoísta… «¡Ah, todo era polvo, lo decían los hexámetros de Vario a la muerte: todo era nada, todo pasaba, todo caía en el olvido… pero la brisa era saludable; y graciosamente meciendo el espíritu, el metro rítmico refrigeraba el alma; el sol del ocaso era sublime en su tristeza de rosa y oro; los colores del mar encanto de los ojos; la paz de las ondas parecía una música silenciosa… y Vario, que el mundo no conocería, mientras vivía, era poeta.

(De Leopoldo Alas Clarín, Cuentos morales, 1896)

swirl-th

De Lucio Vario Rufo, poeta romano, miembro del círculo de Mecenas, amigo de Virgilio y Horacio, tan sólo nos han quedado 20 versos, de su poema épico Carmen epicum de actis Caesaris et Agrippae, también llamado De morte, transmitidos por Macrobio en sus Saturnalia. Son éstos:

Varius de Morte:

Vendidit hic Latium populis, agrosque Quiritum
Eripuit: fixit leges pretio atque refixit.

Ut gemma bibat et Sarrano dormiat ostro.

Varius de Morte:

Incubet et Tyriis, atque ex solido bibat auro

Talia secla suis dixerunt currite fusis.

(Macrobio, Saturnalia VI, 1, 39-40)

Varius de Morte:

Quem non ille sinit lentae moderator habenae
Qua velit ire sed angusto prius ore coercens
Insultare docet campis, fingitque morando.

Talis amor Daphnin, qualis cum fessa iuvencum
Per nemora atque altos quaerendo bucula lucos
Propter aquae rivum viridi procumbit in ulva
Perdita, nec serae meminit decedere nocti.

Varius de Morte:

Ceu canis umbrosam lustrans Gortynia vallem,
Si veteris potuit cervae conprendere lustra,
Saevit in absentem, et circum vestigia lustrans,
Aethera per nitidum tenues sectatur odores.
Non amnes illam medii, non ardua tardant;
Perdita nec serae meminit decedere nocti.

— Nec te tua funera mater
Produxi pressive oculos aut vulnera lavi.

(Macrobio, Saturnalia VI, 2, 19-20)
Publicado en Clásicas, Tradición clásica | Deja un comentario

Culturaclasica.com – IV Certamen Hermes

iv_certamen_hermes

Convocatoria del IV CERTAMEN HERMES (Curso 2016/2017):

* Plazo de inscripción y envío de los trabajos: del 1 de noviembre de 2016 al 28 de febrero de 2017.
* Fallo del Jurado: 15 de marzo de 2017.
* Entrega de premios: 7 de abril de 2017 (fecha de clausura de los XXI Ludi Saguntini) en Sagunto (Valencia).

El Certamen Hermes (In memoriam Juanvi Santa Isabel) está organizado por la Asociación Cultura Clásica y la Asociación Ludere et Discere, con la colaboración de Prosopon Sagunt y la Saguntina Domus Baebia.

Con un marcado carácter educativo, esta actividad anual tiene como objetivo promover entre el alumnado de secundaria y bachillerato el conocimiento de la mitología y la cultura clásica y estimular la creatividad a través de la producción de trabajos audiovisuales, a la vez que rendir homenaje a la memoria de Juan Vicente Santa Isabel (‘Hermes’), quien supo como nadie transmitir a sus compañeros, amigos y alumnos su pasión por el mundo clásico.

Bases del concurso y más información: IV Certamen Hermes

Publicado en Certamen Hermes, Clásicas | Deja un comentario

Lope de Vega – Soneto 87 (De Europa y Júpiter) (Tradición clásica)

 

Soneto 87 (De Europa y Júpiter)

Pasando el mar el engañoso toro,
volviendo la cerviz, el pie besaba
de la llorosa ninfa, que miraba
perdido de las ropas el decoro.

Entre las aguas y las hebras de oro,
ondas el fresco viento levantaba,
a quien, con los suspiros ayudaba
del mal guardado virginal tesoro.

Cayéronsele a Europa de las faldas
las rosas al decirle el toro amores
y ella con el dolor de sus guirnaldas,

dicen que lleno el rostro de colores,
en perlas convirtió sus esmeraldas,
y dijo: «¡Ay triste yo!, ¡perdí las flores!»

(De Lope de Vega, Rimas humanas y divinas del licenciado Tomé de Burguillos, 1634)

 

martin_de_vos_-_the_rape_of_europa_-_google_art_project

(Martin de Vos, El rapto de Europa, ca. 1590, Google Art Project)
Publicado en Clásicas, Tradición clásica | Deja un comentario

Juan Segundo – Basium VII (Tradición clásica)

janus_secundus

Basium VII

Centum basia centies,
centum basia millies,
mille basia millies,
et tot milia millies,
quot guttae Siculo mari,

quot sunt sidera caelo,

istis purpureis genis,
istis turgidulis labris,
ocellisque loquaculis,
ferrem continuo impetu,

o formosa Neaera!

Sed dum totus inhaereo
conchatim roseis genis,
conchatim rutilis labris,
ocellisque loquaculis,
non datur tua cernere
labra, non roseas genas,
ocellosque loquaculos,

molles nec mihi risus;

qui, velut nigra discutit
caelo nubila Cynthius,
pacatumque per aethera
gemmatis in equis micat,

flavo lucidus orbe,

sic nutu eminus aureo
et meis lacrimas genis,
et curas animo meo,

et suspiria pellunt.

Heu, quae sunt oculis meis
nata proelia cum labris?
Ergo ego mihi vel Iovem
rivalem potero pati?
Rivales oculi mei

non ferunt mea labra.

 

(Johannes Secundus, Liber basiorum o Basia, 1541)

 

swirl-th

Cien veces cien besos, mil veces cien besos, mil veces mil besos y mil veces tantos miles de besos como gotas hay en el mar de Sicilia, como estrellas en el cielo, pondría sin tregua sobre tus mejillas purpúreas, tus carnosos labios, tus ojos locuaces, ¡oh hermosa Neera! Pero cuando como una concha quedo prendido de tus rosadas mejillas, tus labios rojos y tus locuaces ojos, no me es dado contemplar tus labios, tus rosadas mejillas, tus ojos locuaces ni tus sonrisas, para mí tan tiernas. Como el dios del Cinto disipa las negras nubes en el cielo, y en el aire en calma resplandece sobre sus corceles enjaezados, con el fulgor de su halo amarillo, así tus sonrisas, aun de lejos, con un dorado mohín ahuyentan de mis mejillas y mi alma las preocupaciones y suspiros. ¡Ay, qué lucha sostienen mis ojos con mis labios! ¿Podría yo aceptar un rival, aunque fuese Júpiter? Mis ojos, rivales, no soportan ya mis labios.

 

 

Publicado en Clásicas, Tradición clásica | Deja un comentario

Luis Mosquera – Sofonisbe (Tradición clásica)

Sofonisbe

La tierra, ahita de sangre, semejaba dormir, fatigada bajo el peso de los cadáveres que cubrían el extenso campo de batalla. Revueltos, en hacinamientos informes, yacían, rotas las ruedas, los carros de combate; y los caballos, que al morir, adquirieron absurdas posiciones: encogidas las patas, tenso el cuello, como en los galopes desenfrenados; y los elefantes gigantescos, acribillados de flechas, con los vientres abiertos por el terrible golpe de las espadas romanas. Al fondo, la plaza fuerte de Cirta, era una colosal hoguera, alzando en la noche el ígneo penacho de sus llamas. Al fulgor del incendio advertíanse, tendidos sobre las murallas, torsos desnudos de mujeres, con los senos mordidos por las bocas lascivas de los soldados que las violaron antes de darles muerte; cuervos voraces batían sus negras alas bajo el esplendor de las estrellas, volando lentamente; las hienas, hundidas las zarpas en las vísceras desgarradas, los desafiaban aullando.

El campamento númida, con sus tiendas negras, evocadoras de los arenales del desierto, aparecía formado junto al romano, y, en ambos, era completo el silencio. Las tropas descansaban, embriagadas de victoria y de matanza. Únicamente en la tienda de Escipión y en la de su aliado, Masinisa, se notaba bullir de soldados y siervos. El Príncipe númida, tendido sobre un lecho que cubría una piel de tigre, permanecía en una extraña inmovilidad desde que terminó el combate. Los esclavos continuaban entrando los vasos y las joyas del tesoro de Sifax, el rey vencido. Pero ni las bandejas de oro, ni las ánforas de esbeltos cuellos, parecidos a lises de pórfido, ni las copas panatenáicas, traídas de la Italia durante las expediciones de Amilcar, ni los trípodes representando cuerpos de satirillos, finos como tirsos, bastaban para sacarle de su abstracción. Aún tenía ceñido el coselete que se ajustaba bajo su ancho pecho desnudo; un manto de púrpura caía sobre uno de sus hombros, sujeto bajo el atlético brazo, apto para manejar el enorme escudo forrado de pieles curtidas; grandes aros de oro pendían de sus orejas, entre la revuelta cabellera negra, y en las dilatadas órbitas, revolvíanse sus pupilas con la fiereza de las de los tigres.

El pasado cruzaba ante él en atropellada avalancha de recuerdos.

La Numidia estaba dividida entre Masinisa y Sifax, los dos enemigos eternos. El primero servía en el ejército cartaginés y era el segundo aliado de los romanos. Asdrúbal, para atraerse a Sifax, le dio por esposa a su hija Sofonisbe, a quién también amaba Masinisa. Entonces, este Príncipe, exasperado por los celos, declaró la guerra a su rival, siendo derrotado y perseguido hasta las llanuras de Clipea, donde, hallándose cercado por todas partes, ante el peligro de ser hecho prisionero y llevado a presencia de la mujer odiada por amor, cargado de cadenas, como un vil esclavo, logró salvarse a fuerza de audacia: seguido de sus fieles númidas, curvados los cuerpos sobre los cuellos de los caballos, avanzan en un quimérico galope, entre las filas enemigas; relampaguean bajo el sol las espadas, blandidas con salvaje furia; se llena el aire de relinchos y de gritos feroces, y vencida por sorpresa la resistencia, quedan allá, en la lejanía, los pardos albornoces, flotantes en el azul suntuoso del cielo del desierto…

Cuando Escipión desembarcó en Buen Promontorio, Masinisa salióle al encuentro y le ofreció sus servicios. Ahora, habían derrotado a Sifax, y este, su esposa, sus tesoros, la plaza fuerte de Cirta, todo cayó en poder del indomable Príncipe. La Venganza le brindaba su copa de odios, mientras él teníala asida por la cabellera de sierpes.

Un decurión, presentándose en la puerta de la tienda, distrajo la atención de Masinisa.

— Te traigo un despacho del Cónsul —dijo el romano alargándole una tablilla de cera.

La leyó a la luz de la antorcha de recina que ardía clavada en una pica. Escipión le ordenaba la entrega de Sofonisbe para enviarla a Roma como presente de guerra.

— Dile al Cónsul que será obedecido.

El decurión hizo un saludo y salió de la tienda.

Al quedarse solo, el Príncipe arrojó la tablilla con un gesto de cólera. La orden de Escipión no podía cumplirla. Sofonisbe, la mujer ensoñada en las noches ardientes de los arenales, a través de los claros encajes de estrellas, la deseada de su corazón indomable, la que era para él como el agua pura de los oasis y las sombras de las palmeras, no podía entregarla a los romanos, que acaso la destinaran para sierva de algún viejo patricio, borracho y lascivo.

Hizo una señal a un esclavo negro, que desde un rincón espiaba atentamente los movimientos de su amo.

— Di que traigan a la cautiva.

Partió el esclavo.

Masinisa tomó una de las copas de oro, vertió en ella el contenido de un pomo que llevaba colgado a la cintura, y esperó, en pié, con los atléticos brazos cruzados sobre el ancho pecho desnudo, erguida la cabeza de la revuelta cabellera negra.

A poco, llegaron dos soldados trayendo a Sofonisbe. La habían despojado de sus ropas y su joyas, y venía cargada de cadenas, que le sujetaban las manos y los pies. Masinisa ordenó que se las quitasen y con un ademán despidió a los soldados. Después, brutalmente, arrojó a Sofonisbe sobre el lecho que cubría una piel de tigre.

Aquella, encogióse como una fiera herida, dirigiendo una mirada atónita a su alrededor. Así permanecieron largo rato. Ninguno de los dos hablaba. Luego, ella comenzó a extenderse, lentamente, semejante a una pantera que se despereza, hasta quedar boca abajo, apoyados los codos en el lecho y la barba en las manos. Su larga melena, de azulados reflejos, caíale por la espalda desnuda, cubriendo las caderas amplias. Su piel oscura, brillaba al rojizo fulgor de la antorcha de recina.

Masinisa interrumpió el silencio. Habló con voz sorda, entrecortada, adivinándose el deseo en un hervor de cólera.

— Ya ha terminado todo —dijo—. Ya no tienes reino, ni esposo, ni joyas… Ya eres mía; ¡ya estás en mi poder…!

Sofonisbe inclinó la cabeza bajo el pesado manto de sombra de sus cabellos y tornó a quedar inmóvil y silenciosa.

— ¿No imploras mi piedad? ¿No temes nada de mí? —continuó el Príncipe— Ahora eres más altiva, más audaz que cuando te conocí, en el palacio de Asdrúbal, tu padre, cuando la cadenilla de oro, símbolo de virginidad, enlazaba tus tobillos… ¡Entonces, tenías la cándida gracia de las alondras que cantan al alba! Ahora, no. ¡Has sido reina! Has visto los campos de batalla desde la áurea torre de tu elefante blanco, abanicada por tus esclavas, al lado de tu esposo, que te besaba en los ojos. Has presenciado mis derrotas, has enardecido a las tropas que me perseguían…

Calló un instante. La piel oscura del cuerpo de la hembra, brillaba al rojizo fulgor de la antorcha de recina.

— ¿Te acuerdas, te acuerdas, Sofonisbe? Yo te he contemplado, yo te he contemplado en la terraza del palacio de Asdrúbal, tu padre, mientras tus siervas etíopes te hacían el tocado. He visto trenzar lus cabellos con hilos de diamantes y los he comparado a los siderales caminos, fulgurantes de constelaciones. He visto pulir tus uñas, teñirlas de púrpura y colocar anillos en los dedos de tus pies; te he visto prender el velo, que, como el de Tanit, tenía bordados los signos zodiacales, y te he visto danzar bajo la luna, al dulce son de los monocordios. Tu carne se adivinaba tras los linos sutiles, del color de los dátiles en racimos que empavesan de oro las copas de las palmeras. ¿Te acuerdas, te acuerdas, Sofonisbe? Paseábamos entre los arrayanes del jardín. Un tigre domesticado seguía nuestros pasos mansamente. Yo, entonces, era muy joven; mi puñal, mi precioso puñal de mango de oro, guarnecido de gemas, aun no se había manchado de sangre; tus manos, que olían a canela, acariciaban los laureles-rosa, y las palomas venían a rozar tu frente con la nieve de sus alas…

Interrumpióse, y después, sacudiendo la revuelta cabellera negra, como si despertara de un sueño:

— Ya ha terminado todo —exclamó—. Eres prisionera de los romanos y en breve harás las delicias de algún viejo patricio.

Sofonisbe se incorporó y, fieramente, le miró a los ojos.

— No temas —prosiguió Masinisa—. Toma, esto te salva.

Y le alargó la copa del veneno. Ella, comprendiendo, la apuró en silencio.

— Ese es mi presente nupcial. Nuestras bodas van a realizarse en esta última hora de tu vida.

Se arrojó sobre ella y fundiéronse sus cuerpos como dos bronces.

Amanecía. En el campamento númida, las tropas entonaban un canto tradicional, golpeando a compás los escudos con el puño de las espadas.

Masinisa sentía entre sus brazos atléticos aquel cuerpo tan deseado, estremecido por espasmos de placer y de agonía.

Cuando se alzó, Sofonisbe rodó del lecho, muerta ya. Poseído de terrible desesperación, salió fuera de la tienda, oyéndose el jubiloso alarido con que le aclamaban sus soldados. Sacudió con furia la altiva cabeza y los aros de oro de sus orejas le azotaron las mejillas. Señalando hacia Cartago, gritó:

— ¡Venganza!

— ¡Venganza! gritaron todos y ¡venganza! repitieron los ecos.

El sol, remontándose en el azul, arrancaba destellos cegadores a las insignias militares del campamento romano que comenzaba a formarse en orden de batalla.

(De Luis Mosquera, “Sofonisbe”, en Grecia. Revista de Literatura año I, nº IV, 1 de diciembre de 1918, pp. 11-14)

swirl-th

1975.33(Giambattista Tiepolo, La muerte de Sofonisba, ca. 1760, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid)

 

8a8ee105-1ab3-4a23-82c0-4aeeb80f3437(Paolo Domenico Finoglia, Masinisa llorando la muerte de Sofonisba (?), Museo del Prado, Madrid)

Fuentes:

  • Livio XXIX, 23 y XXX, 3, 7, 12 – 15.
  • Polibio, Historia Universal durante la República Romana XIV, 1,7
  • Apiano, Las Guerras Extranjeras, “Las Guerras Púnicas” 10, 27, 28

Para ampliar:

Publicado en Clásicas, Tradición clásica | Deja un comentario

Inmaculada Mengíbar – Un Edipo complejo (Tradición clásica)

 

Un Edipo complejo

Para cuando mi padre
me dio alas,
yo
había tenido tiempo de construirme
un avión.

(De Inmaculada Mengíbar, Pantalones blancos de franela, 1994)

swirl-th

Más poemas de Inmaculada Mengíbar en el blog Emma Gunst.

Publicado en Clásicas, Tradición clásica | Deja un comentario

José Agustín Goytisolo – Sobre un poema de Catulo (Tradición clásica)

josé-agustín-goytisolo

Sobre un poema de Catulo

Pedicabo ego vos et irrumabo
Petra asexuada y Juana la supérstite
felices en un reino muy sufrido
en un Parnaso de segunda mano.
Consideráis que soy un mal poeta
pues cantan cosas mías en las calles:
las cantarán después de veinte siglos
aún sin saber mi nombre. De vosotras
quedará acaso el nombre y ningún verso
Gozad ahora vuestra gloria efímera:
Pedicabo ego vos et irrumabo.

(De José Agustín Goytisolo, El ángel verde y otros poemas encontrados, 1993)

swirl-th

El poema, no yo: José Agustín Goytisolo
Publicado en Clásicas, Tradición clásica | Deja un comentario