Jorge Luis Borges / Pere Gimferrer – Góngora (Tradición clásica)

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(Fernando Marías, El retrato de Don Luis de Góngora y Argote, en Exposición Góngora. La estrella inextinguible. Magnitud estética y universo contemporáneo BNE, Madrid.)

 

Góngora

Marte, la guerra. Febo, el sol. Neptuno,
el mar que ya no pueden ver mis ojos
porque lo borra el dios. Tales despojos
han desterrado a Dios, que es Tres y es Uno,
de mi despierto corazón. El hado
me impone esta curiosa idolatría.
Cercado estoy por la mitología.
Nada puedo. Virgilio me ha hechizado.
Virgilio y el latín. Hice que cada
estrofa fuera un arduo laberinto
de entretejidas voces, un recinto
vedado al vulgo, que es apenas, nada.
Veo en el tiempo que huye una saeta
rígida y un cristal en la corriente
y perlas en la lágrima doliente.
Tal es mi extraño oficio de poeta.
¿Qué me importan las befas o el renombre?
Troqué en oro el cabello, que está vivo.
¿Quién me dirá si en el secreto archivo
de Dios están las letras de mi nombre?

Quiero volver a las comunes cosas:
el agua, el pan, un cántaro, unas rosas…

(De Jorge Luis Borges, Los conjurados, 1985)

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Borges sobre Góngora

Estuve leyendo las Soledades y el Polifemo: son activamente feos. Leí todo Polifemo: es horrible. Góngora, en Polifemo, se especializa en la fealdad vistosa. Le gustan palabras como corcho, escamas, chupar, vomitar, nácar y perlas. Le gusta un sistema de balanzas con platillos que se estabilizan, bajan o suben: si dice que algo es noble, otro es humilde, esto blanco, esto negro, todo articulado por palabras como aunque, no tanto, sin embargo, no menos. Esto es un error: como la literatura es una máquina, debe ser clandestina, un poco misteriosa. El de Góngora es un mundo de mecanismos verbales. No imagina lo que dice y es esencialmente grosero: escribir que el agua del Nilo vomita riquezas es una grosería y una estupidez. ¿Cómo no advierte que ese verbo no le conviene? Quería usar palabras latinas, y eso le bastaba. La idea que tenía del ingenio era bastante rara. Cualquier oposición, negro-blanco, muerte-vida, lo atraía y le parecía ingeniosa. Dámaso Alonso ha prosificado Las soledades, es decir ha quebrado los hiperbata y ha restituido la sintaxis, sin advertir que dejaba en descubierto la pobreza mental de Góngora.

(Jorge Luis Borges, recogido por Adolfo Bioy Casares en Borges, Barcelona, 2006, pp. 1567 y s.)

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Más información:

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XIV

Góngora vive sólo en sus palabras,
no en aquella mirada velazqueña;
el caldero de oro de los versos
que estampará en tramoya Calderón
es ya por siempre la verdad de Góngora,
es ya por siempre nuestra verdad plena,
es la ensenada de cristal del día,
tan veraz como el trazo de Matisse
o el paso a dos de Apolo musageta:
por el tirabuzón de las elipsis
por alusión, o fuego de bombardas,
por versos anteriores al sentido
o por encima del sentido, versos
que significan lo que el verso es,
no lo que puede significar, Tántalo
del sonido y sentido: queda en tablas,
porque el poema, en su dominio ardiente,
más que a significar aspira a ser.
Gracias demos a Góngora y a Dante,
gracias demos al verso y su tañido:
en el reloj de arena de los siglos
cada palabra es nuestra redención,
la que nos salva de morir helados,
la crinolina de la Venus negra
que salvó a Baudelaire, la flor de Harar
que detuvo los pasos de Rimbaud:
la carbonilla de un portal de Londres,
Great College Street, risa de las ninfas
en el Tajo de sol de Garcilaso;
así son las palabras cuerda floja
sobre el barranco del significar,
el trapecio del circo de los astros
ante las ardentías del terror.
A menudo, en la noche hospitalaria
que nos empuja y que nos desvanece
vemos un ave que es sólo de sombra
pero sólo de luz: la cetrería
de los escapularios gongorinos.
A menudo la noche nos descubre
en una plataforma de marfil:
somos figuras de aire marfileño
en el viento del verso que se lanza
a las bucanerías del pasado.
Al explicarse, el verso nos explica;
lo verdadero es siempre inexplicable
y el poema se explica al llamear.

(De Pere Gimferrer, Rapsodia, 2011)

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Más información:

(Pere Gimferrer / Ciclo “Góngora Vivo: cómo leen a Góngora los creadores de hoy”)

 

 

 

 

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