Jorge Guillén – Cuento de Reyes

Cuento de Reyes
(Inocentísimo y republicano)

— Aquí debe de ser —dice uno de los jinetes, refiriéndose a un corral que, merced a su ornamentación de nieve, finge empaque y ternura de patio. La noche es clara. Todo se deslinda pulquérrimo. Por un portalón entran y salen algunos pastores. Les conmueve a todos la revelación de un prodigio, que si no pone en claro sus palabras, ilumina sus ojos; ojos astutos, burlones, serenos, tristes, que saben conciliar el entusiasmo con la mofa, el desasimiento de todo con una voracidad de llama.
— ¿Es aquí? —pregunta a un corro de pastores el mismo jinete, de talante estrafalario. Los del corro le miran y no responden.
— ¿Es aquí? —vuelve a interrogar.
Nadie replica. Por la puerta entornada ábrense paso murmullos y exclamaciones. Un tropel de viandantes aparece en la revuelta del camino. Pezuñas de camellos manchan la nieve. Móntanlos personajes de heteróclita catadura, que revela la diversidad indumentaria. En la campiña, de tan riguroso blanco, irrumpen con estruendo los colorines de las vestiduras y las tocas.
— Es aquí —les grita el mismo que antes interpelara.
Un pastor se les acerca.
— ¿Quiénes sois?
— Somos los que ofrecemos el oro, el incienso y la mirra.
El pastor, un sesentón de barbas en zarzal y cejas en cobertizo, explica a los suyos:
— Es una caravana de mercaderes extranjeros.
Agrega otro:
— ¿Vienen a engatusarnos? Ahora no es tiempo de mercar.
— ¿Y qué se puede mercar? —inquiere un zagal.
– Oro, incienso y mirra.
— ¿A nosotros con tales finuras? ¡Los de extranjis tratarán siempre de embaucarnos!
Un rabadán remata:
— ¡Afuera, afuera esa gentuza!
El más anciano se dirige al tropel de los viandantes:
— Gracias. Nadie ha menester ni oro, ni incienso ni mirra. Pueden seguir su camino los señores mercaderes.
Un mancebo ataja con gran enojo:
— Mi señor no es mercader. Es rey.
— ¿Rey?
El anciano sonríe. Otros se aproximan.
— Dice que entre esos hay un rey.
— No uno. Tres —precisa el mancebo.
— ¿Lo véis? Quieren burlarse de nosotros. — Y con sorna repite: ¡Tres reyes! ¡Tres reyes!
— Ya llegan —anuncia el mancebo, ya iracundo.
Adelántanse tres caballeros. La pesadumbre de sus mantos no embaraza la holgura del ademán.
Los pastores rezongan:
— ¡No traficaréis!
— ¡Qué escándalo si ahí entrasen!
— ¡No entrarán, no entrarán!
Un mozallón afronta de súbito a los caballeros. Su timidez inicial refuerza la arremetida.
— Aquí no hay rey que valga. No se extravían los reyes a estas horas por estas sendas.
Interviene el más anciano:
— Perdónenle la mocedad. ¡Sean bien quistas en toda la tierra los señores mercaderes con su oro, su incienso y su mirra!
— ¿No sabéis quíénes somos? -profiere con afable desdén uno de los caballeros.
— Demostrad quiénes sois.
— ¡Que lo demuestren, que lo demuestren! —vociferan varios.
— ¿No lo proclama el esplendor de nuestro séquito?
— Mercaderes hay que lucen tanto como vosotros.
— ¿No lo proclama nuestra majestad?
— ¡No basta, no basta
— Pues entonces mirad al cielo y un gran resplandor os deslumbrará.
Los pastores contemplan las alturas astrales. Una estrella titila con centelleo inusitado.
— ¿No pende esa estrella como una corona sobre nosotros? Para guiarnos nos ha sido deparada. ¿Y quién si no un rey puede gozar de tal prerrogativa?
Refulge el lucero extraordinario. Los ojos de todos ríndense a su magia. La evidencia del prodigio —de un segundo prodigio— devuelve a los pastores su fervor. Y se prosternan con nemorosa humildad ante las tres figuras transfiguradas.
Porque han presentido que sólo son reyes, verdaderos reyes, los que siguen, paso a paso, a una estrella.

(Jorge Guillén, La Libertad, viernes 6 de enero de 1922)

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Ésta es mi pequeña contribución a la difusión de uno de los textos menos conocidos de Jorge Guillén, publicado en la revista La Libertad en 1922. Esta figura de la generación del 27 (en este año 2017 se celebra el aniversario de la famosa reunión en Sevilla) está enterrada en el Cementerio Inglés de Málaga, el primer cementerio protestante de la España peninsular, y falleció en esta misma ciudad el 6 de febrero de 1984. Necesaria sería la recuperación en Málaga de un lugar (museo o casa) que evitara lo ocurrido con el busto a Jorge Guillén, que se encontraba en el Paseo de la Farola y fue desmantelado durante las obras del puerto. Para todos los interesados, dejo aquí el Paseo literario por la Málaga del 27 (de María Dolores Gutiérrez Navas) que puede servir para hacer una ruta por la ciudad.

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