Juan Antonio González-Iglesias – Aikido (Tradición clásica)

 

Llega el momento de la despedida: cuando, después de dos cursos completos enseñando Latín y Griego, los alumnos, que han estado contigo ocho horas a la semana (¡una barbaridad!) y que te han sufrido en los días malos y en los buenos, en los exámenes (de los que tanto se quejan y que después recordarán con cierto cariño) y en las clases (unas más inspiradas y otras más lentas), tienen que despedirse de ti. Es duro para todos, pero, al final, echarán a volar por otros mundos y tú te quedarás esperando a otros alumnos, repitiendo las clases, adaptándolas a ellos y recordando a todos los que se fueron y quizás no volverás a ver más. Ésta es mi despedida para ellos:

Aikido

Estamos preparados
para sobreponernos.
Es un arte. Se aprende.
Está en nuestra memoria desde niños.
Los juegos, los poemas,
las tardes traduciendo,
palabra por palabra,
las tragedias, el cruento
latín de los historiadores.
Todo va al corazón y, transcurridas
las décadas, se vuelve
serenidad. Y ahora
alguno de los textos
de los filósofos occidentales
que he leído estos días
me lleva hasta la fórmula
que con reverencia
mutua se intercambian
discípulo y maestro en el aikido.
Uno a otro se dicen:
Gracias por enseñarme.

(De Juan Antonio González-Iglesias, Eros es más, 2007)

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