José Luis Piquero – Carta del Cíclope (Tradición clásica)

 

Carta del Cíclope

Querido Ulises: No,
no te guardo rencor.
No hiciste más que lo que te tocaba
y hasta podría estarte agradecido:
esto tenía que ser.

No digo que me guste. Se parece
a volverse invisible entre las cosas.
He desaparecido de mí mismo. Me he volatilizado.
La identidad es algo que no puede palparse como un trozo de pan
o un abrigo de lana. Me pregunto
qué soy ahora, cómo será el dueño
de mi voz, el que dice noche tras noche esas cosas terribles
y me llama llorando y confunde mi nombre con el tuyo
mientras golpea un rostro,
muerto de miedo. ¿Y tú
te atreves a llamarte Nadie? ¡Ja!
Mírate en este espejo y dime si ves algo.
Ayudaría bastante.

Pero no creas que me va tan mal.
Me quedan los recuerdos y fueron buenos tiempos,
cada cual aportando lo que sabía, haciendo su papel
en la rueda mortífera de esta historia de amor.
Quien hace daño y quien recibe el daño son el mismo.
Esa es la despiadada belleza de la vida,
su verdad espantosa, y así quien ama más
entrega sin pesar su regalo de sangre.
Habrás de convenir
en que en eso fui un monstruo de lo más apañado.

Me duele, sin embargo, y esto no es un reproche,
tu actual indiferencia. Yo he cumplido,
y si hablamos de deudas aún podría sacarte los colores.
Yo te di tu razón de ser, pequeño héroe,
y ¿qué me queda a mí? Me gustaría
saber al menos cuál es mi papel… si tengo uno.

El exceso de mundo nos vuelve a todos locos, qué te voy a contar
a ti precisamente; pero escucha:
mi sencillez primaria es un tesoro,
mi demencia se nutre de tus mejores sueños. ¿De verdad
no te hago falta, ni un poco siquiera?

Hazme un favor: destrúyeme
o acéptame en el orden de las cosas.
Todo menos dejarme en esta mancha oscura, con las voces del Otro,
lejos de ti y de mí, arañando la noche.
Velando mi cadáver.

Tuyo:

El Cíclope.

(De José Luis Piquero, Cincuenta poemas (Antología personal 1989-2014), 2014)

 

swirl-th

Debo este poema a su autor (gracias, José Luis), y, a pesar de que todavía no ha aparecido en un poemario (sí en una antología reciente titulada Cincuenta poemas (Antología personal 1989-2014), de Ediciones de La isla de Siltolá), ha tenido la deferencia de hacérmelo llegar por correo electrónico. Pero considero además muy interesantes las reflexiones que el propio autor escribió sobre el poema, que constituyen una especie de meta-  o intra- poética, una explicación del autor sobre qué le llevó a usar esta tradición clásica (aunque para él sea lo menos importante, pero indispensable e inseparable de las demás) como motivo de inspiración, relacionándola no sólo con la Antigüedad clásica, sino también con los problemas del hombre actual y las relaciones personales en el mundo contemporáneo: para saber, como él dice, quiénes somos yo, tú y nosotros. Para eso también nos sirve la tradición clásica.

Dejo aquí (con permiso del autor) algunas de sus reflexiones sobre el poema:

Existen varios planos superpuestos. En el más evidente, es una revisión de la historia homérica. Esta es la perspectiva que, por sí sola, menos me interesa, aunque, evidentemente, es inseparable de las otras.

En un segundo plano es una historia de amor. El amor como pugna, como daño y como realización de ambos amantes. Todo amor duele, tarde o temprano, y obliga a los amantes a recolocarse en el mundo y en la relación. Y, por tanto, a preguntarse quiénes son por sí mismos y quiénes son en cuanto a antagonistas del otro.

Pero sobre todo es un diálogo de alguien consigo mismo, con sus extremos más dispares. En nosotros hay identidades que rechazan a las otras y las acallan, e identidades que luchan por hacerse oír. Y lo mejor -o lo peor- es que todas son la misma. El Cíclope es el primero en darse cuenta de que no es nadie sin Ulises -también llamado Nadie-, e igualmente el primero en entender que Ulises no es nadie sin él. Su ceguera le hace preguntarse quién es, puesto que ya no se percibe a sí mismo, y encuentra que con Ulises sería posible recobrar una identidad. ¿Se dará cuenta Ulises de que su propia necesidad del Cíclope -necesidad que ignora- es igual de grande? ¿O acabará convertido en el cadáver que el Cíclope dice estar velando y que es el de los dos? (Mío-tuyo: el final juega con la fórmula convencional de despedida de las cartas y con ese otro concepto. No es la única pista: “El Otro”, “Mírate en este espejo”… Ulises está aún más ciego que el Cíclope).

José Luis Piquero

Disfrútenlo y no olviden

por-favor1

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Clásicas, Tradición clásica. Guarda el enlace permanente.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s