José Agustín Goytisolo – Novísima oda a Barcelona (Tradición clásica)

 

Capítulo primero

PETRUS BARBERANUS

Hace ya muchos años, en su Ora Marítima,
citó Avieno las ricas Barcinos
pues debió ver dos sitios: un poblado
en la ladera sur de un cerro sobre el puerto
que dominó los llanos hasta el río,
y el otro en una loma de la cordillera.
A esta zona llegó Cneo Escipión mucho antes,
el año DXXX de Roma, ab urbe condita,
luego de tocar tierra en Emporion
para cortar la retirada a Aníbal
que cruzaba los Alpes y seguía hacia Roma.
Se fundó la Colonia y fue llamada
Iulia Augusta Faventia et Paterna Barcino
y muy pronto se vio comunicada
con Roma y con Tarraco por la amplia Via Augusta.
Fue enclave militar, de comercio y de fiestas,
y exportaba perniles, esclavos, buenos vinos,
paños de lana, cereal y aceite.
Poco a poco las gentes se mezclaron
con sus conquistadores, más que lo hicieran antes
con fenicios y griegos, traficantes tan sólo.
Y la ciudad feliz tenía el Templo
de Augusto, y acueductos y su foro hermosísimo
y las termas también, todo construido en piedra.
Pero Barcino ¡ay! era codicia
de invasores del Norte, los francos y alamanes,
que para sí querían su enclave y su riqueza,
y tenía censados cientos de ciudadanos
cuando fue hostilizada, y por esto se vio
rodeada de muralla más alta que cinco hombres.
El latín era hablado y entendido por todos
aunque no era muy puro. El cristianismo
se infiltró con las nuevas oleadas de soldados,
se impuso, y hubo obispos y basílica.
LXI años antes de caer el Imperio,
Ataulfo el Godo, llegado de las Galias
como aliado de Roma, puso corte en Barcino.
La ciudad amurallada no era próspera, y fue
refugio sucesivo de huidos:
el conde Sebastián, Teodorico,
el duque Paulus … Y el Derecho Romano,
mezclado con el godo, ha llegado hasta hoy,
ya que los godos fueron pocos, y la ciudad
siquiera lo notó. Yo, Petrus Barberanus, cristiano
y descendiente de legionario galo transalpino,
casado con Lavinia de Gerunda,
que alabo mi ciudad y su gallardía,
y que cuento los años según la Era Hispánica
restando XXXVIII a la de Roma,
creo en el porvenir de Barcino, aunque se acercan
tiempos duros, tal como nos anuncian
en iglesias y plazas, pero creo también
que mis hijos y nietos, más mestizos que yo,
van a seguir viviendo aquí, aquí, aquí.

(De José Agustín Goytisolo, Novísima oda a Barcelona, 1992)

 

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