Métodos, exámenes y engaños II

Ningún hombre es una isla,
algo completo en sí mismo;
todo hombre es un fragmento del continente,
una parte de un conjunto.

No man is an island,
Entire of itself,
Every man is a piece of the continent,
A part of the main.

John Donne (1572-1631)

Leyendo el pasado fin de semana, en la bitácora de Carlos Cabanillas, Métodos, exámenes y engaños, comencé a escribir esta entrada que, al principio, era sólo un comentario que se me ha ido de las manos.

Estoy de acuerdo con muchas de las ideas que Carlos allí expone, pero se me han ocurrido otras ideas que (quizá) puedan hacernos reflexionar sobre lo que supone nuestro trabajo diario.

A las certezas y a las incertidumbres de Carlos va dedicada la cita que encabeza esta entrada. Seguro que todos las hemos tenido alguna vez, cuando ves la clase frente a ti y estás solo en tu instituto frente a los alumnos de 1º y 2º de Bachillerato y te planteas que tienes que llegar a cumplir unos objetivos contigo mismo y conseguir que los alumnos aprendan. Menos me han preocupado siempre los exámenes de Selectividad en los que he participado varios años como vocal de los tribunales tanto de Latín como de Griego.

Creo, como Carlos, que lo fundamental es tener ganas de enseñar y esto es algo muy difícil de mantener en el tiempo. Debería haber algún sistema que permitiera medir esas “ganas de enseñar” para poder sacar del sistema educativo al que no las tiene.

Lo más importante después de esto es reflexionar sobre la metodología que queremos seguir: aquí, como dice el dicho popular, “cada maestrillo tiene su librillo” y cada cual adapta a sus preferencias los textos con los que cada día tiene que trabajar en clase. Pero la importancia del método radica en que hay muchísimas formas de enfrentarse a éste: están los “integristas” que creen que el método hay que aplicarlo a rajatabla, leyendo, traduciendo, interpretando, analizando, descomponiendo los textos y ejercicios como si se tratase de una carrera de obstáculos. Después, los que piensan que pueden saltar de un tema a otro sin orden ni concierto; los que va a lo fácil y piensan que “como ya lo tengo preparado de un año para otro…”, se trata sólo de repetir y repetir año tras año lo mismo.

Y lo más importante es la elección del método: centrarse en un solo libro y aplicarlo, paso a paso, sin prisa pero sin pausa. Pero también están los que pretenden que su método es el mejor y que no hay otro igual y que debería implantarse en todos los institutos. Esto último lo he oído en reuniones de coordinación de la Selectividad cuando algunos compañeros han pedido que una de las opciones tenga la estructura de los textos y ejercicios de comprensión del método Ørberg, sin pararse a pensar que dicho método se rige por cuestiones de copyright y que no puede obligarse a todo el mundo a utilizarlo obligatoriamente para preparar un examen. Lo siento, pero me sale la vena linuxera y creo que todos los textos que se propusiesen para un método cualquiera de Latín o Griego deberían estar libres de copyright y esto es algo que no existe todavía.

Esta debería ser la primera característica del método del que habla Carlos, pero también que los criterios y fórmulas del método sean flexibles, que contengan una gradación en los niveles que permita que, al finalizar 2º de Bachillerato, los alumnos sean capaces de llegar a un nivel de comprensión del texto de Selectividad, de forma que sus notas les permitan realizar la carrera o estudios que quieran en el futuro.

También menciona Carlos el pensar en lo que pueda ser mejor para los alumnos, no en lo que nos gusta a nosotros. Y aquí se me ocurre que enseñar a alumnos motivados y trabajadores es muy fácil: no importa el método. Podemos aplicar cualquiera porque ese tipo de alumnos son esponjas que cada día preguntan: “A ver, ¿qué nos traes hoy?”, “¿Nos has preparado una sorpresa este fin de semana?”: y claro, al final, trabajas más en un curso así que en todos los años de la universidad. El problema está cuando los alumnos tienen un nivel muy bajo de lengua castellana y una concepción de que el latín y el griego son lenguas en las que se estudian las declinaciones y se analizan textos: ha sido mi caso en algunas ocasiones y, después de intentar aplicar con ellos el método inductivo-contextual, he tenido que acabar renunciando porque, para los alumnos, eso no era latín ni griego, sino otra cosa. Así que es cierto lo que afirmaba Carlos, pero también que tener en cuenta las concepciones de los alumnos sobre nuestras asignaturas puede terminar siendo un arma de doble filo que se vuelva contra nosotros.

Y termino aquí mi comentario, ansiando un método nuevo, libre y sin copyright, y que pueda adaptarse a todo tipo de alumnos sin dificultad. Por utópico, que no quede.

Actualización: Estupenda la entrada de Alvaro P. Vilariño, en su blog Dives Gallaecia, titulada Vae Grammaticis!!, en galego. Y también a tener muy en cuenta todos los comentarios a esta entrada.

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15 respuestas a Métodos, exámenes y engaños II

  1. Mi aportación a este debate en
    http://divesgallaecia.blogspot.com.es/2014/05/vae-grammaticis.html
    Creo que estamos de acuerdo en muchas cosas… que decimos lo mismo pero de maneras distintas…

    • Gracias, Alvaro. Es cierto que estamos de acuerdo en muchas cosas y que lo decimos de forma distinta. Pero la verdad es que sólo pretendía abrir un debate y ver si fructifica y algún día llegamos a un método común (y, por supuesto, libre).

  2. La búsqueda de un método es complicado… Comparto bastantes cosas que habéis mencionado. Cierto es que lo primero es tener ganas, tener ganas de enseñar, de dar clase y entrar diciendo “bonum diem!” o “καλημἐρα”… Yo me pronuncio por un método flexible, por supuesto. Tienen sus ventajas los “nuevos” métodos orientados a la comunicación y comprensión, pero creo que esto hay que conjugarlo con los textos tan preciosos que nos han dejado los clásicos.

  3. mdriog dijo:

    Salvete omnes!
    Me pide Javier, en un tuit, que opine sobre el debate/reflexión que, a partir del post que Carlos escribió en su bitácora (Métodos, exámenes y engaños), se ha suscitado y que ha seguido en otos dos post, de Javier (Métodos, exámenes y engaños II) y de Álvaro (Vae Grammaticis!!).
    Vaya por delante que después de leer los tres post y respuestas a ellos, creo que en todos hay razones importantes y bien argumentadas y que todos, creo, van/vamos en la misma dirección: buscar lo mejor para la enseñanza-aprendizaje de las lenguas cĺásicas; además de lo que Carlos Viloria ha dicho en un tuit (@miaspasia https://twitter.com/miaspasia): “Sólo sé que me gusta enseñar, transmitir ilusión por nuestras materias”. Creo que los que estamos leyendo y escribiendo todas estas opiniones estamos totalmente de acuerdo con Carlos Viloria.
    Yo hasta hace seis cursos intentaba enseñar con el método tradicionalista, gramaticalista o prusiano, como dice Emilio Canales. A partir de entonces y después de algunos años de reflexión y debate con la que fue mi amiga y compañera Puerto Valencia (STTL) decidimos probar con el método inductivo-contextual de Orberg, para ver si lo considerábamos “adecuado” y lo implantábamos en el Centro. Así lo hicimos y desde entonces sigo con él. A mí me gusta porque ya no veo ese tedio que veía en mis alumnos y, en ocasiones, en mí mismo, veo que mis alumnos avanzan muchísimo en la adquisición de vocabulario y en la compresión de este tipo de texto (digo “este tipo” por lo que diré más adelante) y, en general, no ven el latín como esa carrera de obstáculos del análisis y posterior traducción más o menos literal, así como que los alumnos desinteresados tardan mucho más tiempo en descolgarse de la asignatura, pues antes algunos ya pasaban del latín o griego en octubre.
    Para el griego usamos Athenaze, que aunque no es exactamente como el LLPSI, tiene una base y objetivo similar y que nos está produciendo buenos resultados, similares al aludido de latín. Tras la aparición de “Alexandros” de Mario Díaz ya hay un método griego tipo Orberg, que probablemente probemos y veremos si cumple con nuestras expectativas.; además del uso de “Dialogos” de Santi Carbonell.
    Dicho esto, voy a exponer algunas cosas:
    – Yo no soy integrista del método natural o inductivo-contextual. Creo, como dice Álvaro, que la gramática y la sintaxis son necesarias para el mejor manejo del castellano, para que se perciba claramente que las lenguas clásicas mejoran esto y más cosas y también para la mejor comprensión del texto latino o griego (anteayer me decía una alumna de 2º bach. que había aprendido más sintaxis castellana con el latín que en clase de Lengua Castellana). Pero también que hacer juegos u otras actividades para aprender latín o griego son necesarios y convenientes, así como ir dándole más protagonismo a la oralidad, como se hace en las lenguas modernas.
    – Creo que nuestros alumnos deben llegar a leer y entender textos y no a traducir literalmente a autores: para eso están los estudios de filología donde deben aprender a entender-traducir-comentar a los autores. Creo que es una barbaridad que en dos años de latín (hay alumnos que no lo estudian en 4ª) y griego deban “traducir” a Eutropio o Fedro/ Apolodoro o Esopo (Extremadura) u otros autores en otras comunidades. Además siempre son fragmentos sueltos, deslabazados, la mayoría de las veces sin conexión, en muchas ocasiones solo guerras, ejército, movimientos de tropas… Esto creo que debería cambiarse: ¿Tipo examen nacional de latin? Porque, digamos lo que digamos y nos abstraigamos lo que queramos, al final, acabamos pensando en la selectividad y preparamos a los alumnos para ella. Yo no lo hago hasta el tercer trimestre de 2º, en lo que a la lengua se refiere, es decir a trabajar con textos en clase, pero sí con respecto a la literatura, léxico, romanización… Por ello decía antes lo de “este tipo de textos del Orberg”, pues luego los alumnos van al diccionario constantemente y creen que es un “latín diferente”, vamos que “desaprenden”; ademas de tener que analizar morfosintácticamente cuestiones del texto en la selectividad.
    – Estoy de acuerdo contigo, Javier, en que sería ideal tener un método sin el copyright adecuado a lo que estamos tratando, pero eso ¿cómo se consigue?. A mi me gusta lo que Carlos hace en 4º (Initium Linguae Latinae). Aquí volvemos al método. ¿Cual es el mejor? Yo creo, como ya se ha dicho, que el mejor está en el término medio . Pero con el final: examen de selectividad con traducción de autores tras dos años, el encontrar uno totalmente adecuado y libre es muy difícil; pero para eso están estos debates y las reuniones (Jornadas, Simposios, Círculos, etc) que hacemos. Debemos seguir en esta línea, así nuestros alumnos serán los grandes beneficiados.
    – Por último también hemos de plantearnos cambios en la manera de evaluar, no solo exámenes escritos, sino con más instrumentos: oralidad, redacción….

    No se si he dicho algo interesante o solo repetitivo y mal expresado.
    ¡Vaya chapa!

    Optime valeatis.
    Mario.

    • Gracias, @mariusexfluvio, te debo una

    • De verdad, Mario, me han encantado tus comentarios, por lo que de realistas y cercanos al aula tienen. Es verdad que un método libre y adaptable a los alumnos es (tal vez, no estoy muy seguro) una utopía, pero de ilusión también se vive. Gracias, de corazón, Mario, por tus comentarios

      • mdriog dijo:

        Los grandes cambios, interesantes y que han conseguido hacer las cosas, ver el mundo, etc. de otra manera comenzaron pensando sus ideólogos/autores que eran una utopía.
        Ya te dije, por twitter, que gracias a ti y a Carlos y a Álvaro por hacernos pensar.

  4. Bueno, la mayoría ha dicho prácticamente lo que yo pensaba. Nunca he llegado a usar el método Orberg completo, en griego si he usado “Athenaze”. La opinión de@alvaropvila me resulta más cercana. No puedo dejar de volver a la gramática, supongo que porque mis alumnos (ahora ya no, por estar fuera de España, pero sí en los últimos años) necesitan mejorar su español, muchos de ellos incluso aprenderlo. Para eso me sirve el latín, para que se expresen mejor en castellano. Y también porque, no lo niego, necesitaría una preparación personal que no tengo.
    Sobre las ganas de innovar que mencionaba @Becante13, creo que precisamente los que estamos por aquí nos esforzamos, pero resulta enormemente frustrante que por ser de clásicas no te dejen ni tener un espacio fijo, ni un ordenador ni un cañón.
    La selectividad es un lastre que nos arrastra hacia el abismo pero no el peor, lo que nos perjudica más son esos equipos directivos que no dejan a los chicos elegir, que reducen las combinaciones de asignaturas optativas, que hacen que la cultura clásica la dé cualquiera y que están deseando cerrarte el grupo. Todo esto con la bendición del servicio de inspección y apoyándose en la legislación. No sé muy bien cuánto tiempo más nos dejarán seguir. Creo que están jugando la baza de dejar que nos vayamos muriendo o jubilando y así quedarán tres centros “raritos” en los que se podrá estudiar griego. Mirad el número de plazas que han salido en las distintas autonomías en los últimos años, tanto en latín como en griego.
    Cuando os leo me entra mucha envidia, aún tenéis ganas de debatir, hacéis libros, impartís cursos y os juntáis en vacaciones para intercambiar ideas. Quizás algún día llegue a ser como vosotros.

    • Muchísimas gracias, de corazón, por tus comentarios, y es que no todos estamos en las mismas condiciones, profesionales y laborales, y siempre es bueno conocer qué se hace y se cuece en otros lugares. Gracias, de nuevo, por expresarte

  5. maiteximenez dijo:

    Habéis sido todos muy expresivos y muy razonables. Queda poco ya por decir. Con todos estoy de acuerdo, creo que nos asiste la buena voluntad y la pasión docente. Repito la aristotélica IN MEDIO VIRTUS del post de @alvaropvila. Yo he sido fan absoluta desde hace veinte años de los métodos para latín de Cambridge, Oxford y en estos últimos años de Orberg.
    En griego soy devota del método Oxford-Athenaze. Creo que ya no tienen cabida en nuestro mundo los métodos rancios tradicionales. No obstante, no se debería perder de vista el hecho de profundizar puntualmente en la gramática, el léxico o la sintaxis, los realia o la literatura, en conexión con las lenguas vivas que hablemos.
    La dirección exlusivamente “lúdica” me parece equivocada, estamos traicionándonos a nosotros mismos, devaluando una disciplina científica, convirtiéndola en optativa residual. Ponerse la toga está muy bien cuando los alumnos son pequeños, pero ir más allá, me parece “carnaval”.
    Mis alumnos aborrecen ya los métodos tradicionales en griego, herencia indeseable que padezco este curso debido a haber tenido que apartarme de su docencia estos últimos años. Mi homóloga profesora cambió a un método tradicional, y mis chicos “bufan” porque están encantados en latín con el Orberg. Volveremos a Athenaze el año que viene, gracias al documento libre de @agamador y @ecanalesm.
    Adquirir velocidad de lectura, comprender las historias, aumentar el caudal léxico y asistir a los diálogos de los personajes es muy incentivante, pero los chicos, en momentos precisos, me piden una clase tradicional, para ordenar sus apuntes, sus notas, sus conocimientos, que están un poco nubosos. Entonces, clasificamos los contenidos gramaticales y ellos se sienten seguros viéndolos en su cuaderno de clase iluminados con sus rotuladores.
    Deberíamos ser más positivos en el capítulo de la PAU. Al fin y a la postre “estamos” en la PAU, somos “importantes”. Largo es el debate sobre los textos para la selectividad. Nosotros hemos discutido abundantemente. Como siempre el problema será la “selecta” o el “copyright”. Creo que se solucionaría fácil, indicando algo así como: se recomienda la utilización de un método de “inmersión” del tipo…….No sé si valdría.
    Ha sido muy interesante este pequeño chat profesional. Saludos a todos y todo mi afecto.

    • Gracias, Maite, por tu comentario, porque pensaba que era el único al que los alumnos le demandaban clases de tipo tradicional. Y es que luchamos contra gigantes: la tradición, los padres (“¿qué, has dado ya el rosa, rosae?”), familiares (“¿Latín? Uf, a mí siempre me suspendían” o “¿Griego? ¿Y eso para qué sirve?”). Tienes razón, al menos estamos en la Selectividad, peor sería, seguro, no estarlo, aunque quizá más divertido

  6. Pingback: Quis portam pulsat? (Editio longa) « Dpto. de Latín del I.E.S. Ategua

  7. Disculpad que me meta en la discusión, que entiendo que es más para profes; yo soy solo un licenciado que, por desgracia, no ejerce.
    Me alegra ver que “la cosa se mueve”, y, ojo, me consta que lleva muchos años moviéndose, pero ahora parece que va la cosa más en serio.
    No sé si entre todas estas entradas y comentarios que se han escrito recientemente ha salido la pregunta, pero creo que toda la reflexión debería surgir de la respuesta a ella: “¿qué es exactamente lo que pretendemos cuando enseñamos latín y griego?”.
    Yo no estoy seguro de que la respuesta sea “que sepan leer clásicos”, porque, como se ha dicho incluso en un libro/novela/biografía publicado por ahí, ni los (recién) licenciados/graduados podemos leer con (razonable) soltura incluso textos facilones.
    Ojo, que, como digo, yo no soy profe de instituto y no puedo hablar con tanto conocimiento de causa como vosotros, pero realmente no sé cuál es la respuesta a la pregunta. Además, si damos por hecho que, en la mayoría de los casos, en un año o dos los alumnos van a olvidar casi todo… ¿qué queda? ¿Cuál ha sido el objetivo?
    Al menos el que vaya a estudiar una filología (no clásica) va a encontrar útil toda la gramática, ya sea para entender las oraciones de infinitivo o la diferencia entre gerundio y present participle en inglés, o para Gramática Histórica y Latín Vulgar en hispánicas, etc.
    ¿De qué sirve saberse cuatro frases en latín y leer textos preparados, si después no pueden leer ni una inscripción que haya por su ciudad, ni reconocer algunos aforismos latinos básicos?
    Mi comentario pretende ser constructivo y está hecho más bien desde la ignorancia.
    Un saludo y ánimo.

  8. Como además de llegar tarde, reconozco que mis opiniones sobre muchos temas son peregrinas (para mí el latín es directamente útil, sin llegar, eso sí, al panlatinismo), hago gracia de enrollarme y sólo quería apuntar tres cosas:
    1º Para quien, preocupado por el papel del latín en el mundo de hoy y la necesidad de adoptar nuevos métodos, quiera profundizar en el tema, puede actualizarse rápidamente en el primer cuaderno de la asociación italiana para la mejora de la educación TReeLLLe, accesible aquí . Escriben primeras figuras de Italia. Merece la pena: me dan envidia hasta las estadísticas.
    2º La diversidad de métodos es positiva. El problema es que muchas veces esconde una diversidad de objetivos: son éstos los que habría que unificar. En todo caso, a mí me gustaría que hubiera alguna reunión con el solo objetivo de contrastar los métodos e intercambiar ideas y proyectos, por modestos que sean. (Por cierto el método Orberg tiene también sus sombras: no está, lógicamente, pensado para hablantes romances).
    (3º Como muestra de lo afirmado en el encabezamiento: tanto Álvaro Vilariño como Carlos Cabanillas hablan de “arte de la traducción”. Estoy de acuerdo si se refieren a un ars. A mí me parece que la traducción elabora un producto y es, por tanto, una técnica, como la alfarería o la carpintería. De ahí su utilidad).

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